Que si, que vale. Lo reconozco. Me puse los
tacones para
impresionarte, el
escote para dejarte
embobado y la
minifalda para que te
desmayaras al verme. Y creo que por la forma en la que me miraste, con esa pequeña sonrisa en tu cara irresistible, pensaste que estaba
loca.
Loca de remate. Pero aún así te gustaba que fuera así, y si hubieras sabido (posiblemente si lo sabías) que era por ti, te hubieras puesto a mil por hora. Y me hubieras seguido llamando
loca.
Pero las mejores personas lo están.
Como tú, si tú, loco de remate.